El Drama de los migrantes

El tremendo drama de los migrantes clandestinos, que buscan mejorar su propia vida y la de sus familias, y en lugar de ello, encuentran la muerte, es, no obstante la amplia información de la prensa mundial, un asunto que poca atención se le presta.

Associated Press verificó la muerte o desaparición de al menos 56.800 migrantes en todo el mundo desde el 2014, más del doble de lo que contabiliza la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de las Naciones Unidas que estima en 28.500 los muertos y desaparecidos hasta el primero de octubre de este año.

La gente que le escapa a las guerras, al hambre y al desempleo, ha alcanzado niveles sin precedentes: 258 millones de migrantes en el 2017. Eso representa un aumento del 49% respecto a comienzos del siglo, según Naciones Unidas.

Son seres humanos que en sus países de origen no logran superar los niveles mínimo de supervivencia, no encuentran trabajo ni comida, viven en condiciones extremas de insalubridad, sin servicios de salud y en muchos casos carenciados hasta de agua potable. Sus hijos están condenados a sufrir iguales condiciones de miseria, sin acceso a una educación básica.  Es entonces que se plantean la perspectiva de emigrar buscando nuevos horizontes. El anhelo es ingresar a otros países donde puedan lograr condiciones mínimas de supervivencia, trabajar y no pasar hambre. Pero he aquí que el viaje hasta esos destinos, generalmente muy lejanos, implica muchos riesgos, con posibilidades ciertas de encontrar la muerte

Muchos logran alcanzar sus objetivos, pero muchos otros mueren en el trayecto o desaparecen. Una gran cantidad se ahogó, murió en un desierto o fue víctima de traficantes de personas, y sus familias no saben qué pasó con ellas. Al mismo tiempo, cadáveres anónimos llenan cementerios.

Probablemente Associated Press se haya quedado corta en su cuenteo, la cifra puede ser aún más alta. Hay cadáveres de migrantes enterrados bajo la arena del desierto o en el fondo del mar. Con frecuencia, las familias no quieren reportar las desapariciones porque están en otro país sin permiso o porque se fueron sin decir hacia dónde se dirigían.

Tanto en Europa como en EEUU se vienen generando posiciones de rechazo a los inmigrantes. El gobierno de Trump se prepara a no permitir el ingreso de  una caravana de unas 7000 personas que desde Centro América se dirige hacia EEUU. Y en Europa toma fuerza un nacionalismo duro y xenofóbico que igualmente rechaza a los inmigrantes.

En nuestra Latinoamérica se registra uno de los movimientos migratorios más importante de la actualidad, los que escapan de una Venezuela sumergida en el horror. Pero poco se conoce aún sobre la dimensión de este drama.

Lo que nadie debe olvidar, es que se trata de seres humanos, hombres, mujeres y niños, cada uno de ellos con su propio universo de anhelos, perspectivas y necesidades. A ellos les tocó en suerte nacer en países devastados por odios religiosos y raciales, por  guerras y hambrunas. Son solo seres humanos que tratan de escapar de su suerte.