Lanzamiento de productos Arcor “saludables” y la reorganización de sus plantas productivas en busca de optimizar la competitividad.

Arcor, una de las firmas alimenticias líderes de la Argentina, le está buscando la vuelta a su negocio para salir airosa de la profunda crisis de consumo que atraviesa el mercado interno.

En este contexto la empresa está enfocando sus cañones a dos ítems claves: el lanzamiento de productos “saludables” y la reorganización de sus plantas productivas en busca de optimizar la competitividad.

Un repaso de los últimos tres meses da cuenta de que la empresa lanzó a las góndolas desde un turrón con alto contenido de fibra, pasando por enlatados sin sodio, barritas proteicas, premezclas de pizza, ñoquis y bizcochuelo sin TACC, segmento en el que tiene más de 300 productos. También galletitas Bagley con cereales y el relanzamiento de la línea de alimentos funcionales que desarrolló junto al laboratorio Bagóo bajo la marca Simple y que se vende en farmacias.

La estrategia de Arcor es liderar en este segmento de negocios que aún tiene mucho por crecer y que en el mundo está picando en punta. Cada vez son más los consumidores que leen con atención las etiquetas y reclaman alimentos más saludables, con menor contenido de sodio y/o azúcares, entre otros ítems. La tendencia también está en aumento en la Argentina, pero quizás con cierto retraso por la crisis económica, ya que estos productos, en líneas generales, tienen un precio más elevados que los tradicionales.

Entonces es aquí donde Arcor busca diferenciarse, porque gracias a su enorme estructura puede ofrecerlos a precios más convenientes para los consumidores.

Así es como una de las alimenticias líderes de la Argentina está abonando el terreno necesario a fuerza de lanzamientos novedosos y una clara estrategia de negocios.

En lo que respecta a su reorganización productiva, actualmente Arcor cuenta con 46 plantas industriales ubicadas en Argentina, Brasil, Chile, México y Perú, donde fabrica más de 1.500 productos. Meses atrás cerró dos establecimientos. Uno ubicado en Mendoza, dedicado a la producción de las mermeladas La Campagnola. Esa decisión incluyó además el traslado de las operaciones a la provincia de San Luis. En Río Negro, mientras tanto, contaba con una operación menor dedicada a las conservas de tomate.

La decisión de la empresa no fue casual: justamente, en ambas plantas se producían alimentos derivados de la industria frutícola, sector que también muestra serias complicaciones derivadas de mermas productivas y de la falta de competitividad.