Cristina en la causa de la Obra Publica en Santa Cruz

Una clara muestra de lo que nos espera a los argentinos, la dio Cristina Fernández de Kirchner, Vicepresidente electa, que asumirá el 10 de diciembre. Tuvo que declarar en la causa por asignación de obra pública en Santa Cruz y como era de esperar dijo que ella es una víctima de la persecución político-judicial-mediatica, organizada por el gobierno de Mauricio Macri.

Pero no preveíamos el tono violento que utilizó para convertir el estrado judicial, en una tribuna política. Pretendió que su larguísima perorata sea transmitida en directo por Televisión, lo que le fue negado por el tribunal, sin embargo, algunos canales se animaron a contradecir a la justicia y difundieron su declaratoria en vivo y en directo.

Comenzó criticando a los jueces y lanzando sospechas sobre el sorteo de los magistrados. “Siempre me tocan Ercolini y Bonadio. Siempre me tocan los que me van a condenar»

No admitió preguntas y amenazó a los jueces. Una vez más insistió en victimizarse. Empleo la figura del “lawfare” que han puesto de moda las izquierdas, para decir que es una persecución de “manual”. A los medios de comunicación los acusó de «demonizar un proyecto de país con causas judiciales» y que «se investiga y se condena por los medios de comunicación», para subrayar que los magistrados «solo ponen la firma».

Pero lo más notable de su supuesta defensa, fue ampararse en su ex Jefe de Gabinete, el Presidente electo Alberto Fernández, ya que en ese carácter era el responsable de la ejecución del presupuesto. Irónicamente expresó que si los jueces tuvieran que indagar a Alberto Fernández tendrían «un problema». En cierta forma Cristina ató a Alberto a su suerte. Si ella es culpable, también lo es Alberto. Lo cierto es que, en un Estado de Derecho, todos los ciudadanos son responsables ante la Ley, nadie, ni el Presidente de la Nación, ni su Vice, tienen coronita.

Cristina parece desconocer las múltiples pruebas que llevó a la justicia a procesarla. Su alegato de alto contenido político, no la exime de rendir cuenta ante el tribunal que la juzga. Son muchas las causas y muchas las pruebas que la comprometen, tras una larga investigación; intentar desviar el objetivo, podrá servir para sus seguidores, que no cuestionan el terrible saqueo que soportó la Nación durante el tiempo que ella y su difunto esposo gobernaron el país. Pero los que observamos con horror, sus desplantes y la perspectiva cierta de que ella y sus secuaces, logren la impunidad en sus múltiples causas judiciales, quedamos bien advertidos.