Una misa por el encuentro y la paz

 

 

Hoy se producirá un hecho histórico, un Presidente no peronista y elegido democráticamente, completará su mandato y entregará los símbolos del poder a su sucesor, Esto no ocurrió en las últimas nueve décadas.

 

Pero el domingo, Fiesta de la Inmaculada Concepción, por iniciativa del Episcopado, los presidentes, el saliente, Mauricio Macri, y el entrante, Alberto Fernández, junto a gran parte de sus equipos de gobierno, se encontraron en Lujan para rezar juntos “por el encuentro y la Paz.”

La amplia convocatoria de los obispos, logró reunir a los dos presidentes. Ambos nos brindaron una imagen de democracia y tolerancia poco habitual en nuestra historia; de significativa importancia para acabar con estériles enfrentamientos y para cerrar la profunda grieta que divide a los argentinos. Además, asistieron gobernadores, senadores y diputados, líderes políticos, sindicalistas, de los movimientos sociales y representantes de otras religiones. Sin embargo, se advirtieron algunas notorias ausencias, con aviso y buena justificación la mayoría, con la excepción de la electa Vicepresidente, Cristina de Kirchner, que no participó y tampoco envió un mensaje a los organizadores para explicar los motivos de su ausencia.

Durante la misa, ambos mandatarios se ubicaron juntos en el centro, y de cada lado sus respectivas parejas, al costado de Macri se ubicaron el jefe de Gabinete, Marcos Peña; los ministros de Interior, Rogelio Frigerio, y de Producción y Trabajo, Dante Sica; la vicepresidenta Gabriela Michetti; y el senador nacional, Federico Pinedo.

Por el lado de Fernández, se ubicaron Santiago Cafiero futuro jefe de Gabinete, el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, Gustavo Béliz, futuro secretario de Planeamiento Estratégico, Marcela Losardo futura ministra de Justicia, Felipe Solá, que será el Canciller y Daniel Arroyo, futuro Ministro de Desarrollo Social, además estuvieron del mismo lado, los sindicalistas Hector Daer y Ricardo Pignanelli.

En las primeras filas se ubicaron, también, los restantes ministros salientes y los que asumirán a partir de hoy.

Las fotografías de los dos presidentes, sentados uno junto al otro es muy reconfortante; además, observar tan nutrida concurrencia de dirigentes que no comparten las mismas ideas ni los mismos espacios políticos, en un marco de mutuo respeto y tolerancia, nos muestra al mundo como una democracia que va madurando. Y si comparamos esta transición, amigable y comprensiva, con lo que está ocurriendo en otros países de nuestra Latinoamérica, como Chile, Bolivia, Ecuador y Venezuela, y también en Europa, con una Francia inmersa en violentos disturbios o una España, donde se hacen pactos incongruentes para lograr formar gobierno, debemos dar gracias al altísimo por esta excepcional demostración de democracia, en paz, como lo pide el Episcopado.

Las palabras del arzobispo de Mercedes y Luján, Jorge Scheinig, pronunciadas durante la homilía, resultan particularmente alentadoras: «No somos ingenuos, no creemos que una celebración solucione los problemas, pero este gesto habla por sí mismo. Podemos rezar por muchas cosas: hoy nos hemos convocado a rezar por la unidad. Debemos hacer todo lo posible por resistir y no caer en la tentación de querer destruir al otro».

Claro está que muchos argentinos tememos lo que pueda pasar con el nuevo gobierno, manipulado por una Cristina con inocultable ánimo de venganza y dispuesta a todo. La semana pasada, su comparecencia ante el tribunal oral generó una legitima irritación colectiva. Pronunció una larguísima perorata, no en defensa de sus acusaciones, sino una clásica arenga política y mostró una actitud prepotente y soberbia ante los jueces. No quiso responder preguntas del tribunal, sosteniendo en cambio la tesis que eran los jueces los que debían responder.

Hoy asume el nuevo gobierno, y como bien lo dice Antonio Machado, “al andar se hace camino”. A continuación, su canción bien señala: “Y al volver la vista atrás, Se ve la senda que nunca Se ha de volver a pisar”.

Hacemos votos para que tanto Alberto como Cristina, sepan cual es la senda que no deben volver a pisar.