Asumió Alberto Fernández

Ayer asumió Alberto Fernández un nuevo período presidencial. En un marco de respeto y tolerancia, juró ante la Asamblea Legislativa en pleno y se confundió en un abrazo con el Presidente saliente Mauricio Macri. “Mucha suerte, que Dios te ilumine”, le dijo al oído Macri. El diario La Nación destacó que “A menos de un metro, la vicepresidenta Cristina Kirchner, que un instante antes lo había saludado con frialdad, dejó de aplaudir y miró para otro lado”. De Cristina no se podía esperar otra cosa, bien sabemos de sus desplantes, de su grosería y de su falta de “estilo”.

Ese fue el único gesto negativo, en una asunción histórica, que pareciera indicar un momento de inflexión en la política argentina. El mensaje del nuevo Presidente fue dedicado muy especialmente a cerrar la grieta y convocar a la unidad. «Vengo a convocar a la unidad de toda la Argentina en pos de la construcción de un nuevo contrato social que sea fraterno y solidario», dijo Alberto Fernández.

En su discurso ante la Asamblea Legislativa, que duró una hora, el flamante mandatario fijo algunas de las prioridades que tendrá su gestión. Con un duro diagnóstico sobre la herencia que recibió de Macri, Alberto anunció que impulsará un plan de lucha contra el hambre y «un sistema masivo de créditos no bancarios a tasas de interés bajas». También advirtió que el país está «en una situación de virtual default». Y dio una señal al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a los bonistas privados. «No hay pagos de deuda que se puedan sostener si el país no crece. El país tiene voluntad de pagar, pero carece de capacidad para hacerlo», señaló el Presidente. En este mensaje quedó clara la estrategia del mismo Fernández junto a su ministro de economía, Martín Guzmán, de renegociar los plazos y establecer algún tipo de quita que reduzca el peso de la deuda en los primeros años de su gobierno.

En otra parte de su discurso dijo que se ponía al frente de la defensa de los derechos de las mujeres, pero eludió la mención al aborto. Además, no sólo juró por Dios y sobre los Evangelios, sino que hizo mención expresa y elogiosa del Papa, de su encíclica «Laudato Si» e hizo suyos conceptos bergoglianos, como «la casa común» o la mesa donde se debe compartir.

No fue una arenga de barricada como las que solía formular Cristina en ocasiones semejantes, sino el discurso de un Presidente. El estilo, sobrio, moderado y desprovisto de soberbia, junto con el llamado a la unidad, cayó bien en todos los sectores opositores. Lo que fue muy comentado. Sin embargo, los puso en alerta el anuncio de una reforma judicial.  «Nunca más a una Justicia contaminada por servicios de inteligencia, operadores judiciales y linchamientos mediáticos», lanzó el Presidente. Es que tras esa llamada “reforma” podría encubrirse la intención  de que Cristina y muchos de los procesados por delitos de corrupción, logren la impunidad.

Sostenemos un principio elemental, que se traduce en un firme deseo de que el éxito corone la gestión del nuevo Presidente. Si le va bien a Alberto, le irá bien a todos los argentinos