El camuflaje verbal

Bien conocido es el cuento que, si tiene piel de león, melena de león, fauces de león, garras de león y ferocidad de león, es un león, por más que pretendamos llamarlo por el nombre que queramos. Los argentinos hacemos un culto del camuflaje verbal, nos gusta disimular las cosas utilizando eufemismos. Borges decía: «El dictamen francés de que la hipocresía es el tributo que el vicio paga a la virtud corresponde con precisión a Tartufo o a ciertos personajes de Dickens, no a la hipocresía argentina, que es de otro orden. El hipócrita, entre nosotros, se jacta de esa miseria necesaria, el dinero, o de esa otra miseria, la fama.» [i]

Dice nuestro genial escritor: «El culto de esa imagen nos ha llevado a una profusión de eufemismos». Y da numerosos ejemplos de esos camuflajes verbales. «Un grupo de cambiantes militares se encarama al poder y nos maltrata durante unos siete años; esa calamidad se llama el proceso. Los terroristas arrojaban sus bombas; para no herir sus buenos sentimientos, se los llamó activistas. El terrorismo estrepitoso fue sucedido por un terrorismo secreto; se lo llamó la represión. Los mazorqueros que secuestraron, que a veces torturaron y que invariablemente asesinaron a miles de argentinos, obtuvieron el título general de fuerzas parapoliciales. Hubo una invasión y hubo una derrota; las autoridades hablaron de anticolonialismo y de un cese de hostilidades. Un ministro, acaso deliberadamente, arruina la Patria; se lo denomina un economista. La Patria fue degradada, expoliada y éticamente corrompida; se la apodó Argentina Potencia. El viaje de una viuda de Perón se llama operación retorno. Gremialista es el mote que se otorga a ciertos matones. Un negocio turbio es un negociado y, a veces, un ilícito. Cobrar excesivamente un trabajo es hacerse valer. La disputa con Chile se apodó el conflicto limítrofe. Otra especie del género son los eufemismos pomposos. El presidente es el primer mandatario, su mujer es la primera dama, palabra de la jerga teatral. Un ministro es el titular de la cartera, curioso gongorismo. Un ciego (yo lo soy, aclara Borges) es un no vidente….»

Si Borges viviera, no dudaría en calificar como camuflaje verbal, a la denominada Ley de Solidaridad y Reactivación Productiva, la que en realidad se trata de un duro ajuste fiscal, que bien podría ser llamado un impuestazo, fruto de la emergencia económica, pero de haberlo aplicado el gobierno de Mauricio Macri, le hubieran incendiado la Casa Rosada.

Y si no es un impuestazo, qué lo és?  Se duplican las tasas sobre bienes personales, se aplica un gravamen del 30 % al dólar turístico, se aumentan las retenciones agrarias y por si eso fuera poco, se suspende la movilidad jubilatoria. Pero el que sin duda se roba la cancha es el Jefe de Gabinete bonaerense Carlos Bianco, que niega el impuestazo que pretende llevar a cabo el gobernador Axel Kicillof, con aumentos que llegan hasta el 75 %. “No sé dónde está el impuestazo, no lo encontré» declaró el funcionario y aclara: «El 75% de aumento afectará a un puñado de grandes propietarios, para la gran mayoría la suba es menor a la inflación”.

En un contexto de transferencia de grandes volúmenes de recursos desde el sector privado al Estado, difícilmente se de una verdadera reactivación. El tiempo lo dirá y ojalá nos equivoquemos.