Un Gobierno Bipolar

Las declaraciones y acciones de Alberto Fernández, en sus dos primeros meses al frente del Poder Ejecutivo han sido razonablemente sobrias y moderadas. Claro está que la Ley camuflada con el pomposo título de Solidaridad Social y Reactivación Productiva, implica de hecho, un fuerte ajuste fiscal apuntalado por un poderoso impuestazo. Solamente un gobierno de unidad peronista podía llevar a cabo, sin una secuela de protestas de todos los sectores sociales. Sin embargo, tenemos que aceptar que el gobierno tiene escasas posibilidades de maniobra y ha recibido un escenario muy complejo. 

 
Fernández está haciendo lo que debió haber hecho Macri cuando asumió. Por aquel entonces el ex Presidente, optó por hacer un ajuste que calificó de gradual, cuando el país necesitaba un tratamiento shock.   No creemos que no asumió la gravedad de una situación que venía acumulándose por malas administraciones, sino que consideró que las condiciones políticas de su gobierno, no daban para tirar fuertemente de las riendas porque podrían romperse. Las fuertes inversiones que esperaba, no llegaron y optó por acudir a los préstamos para equilibrar las cuentas. Y así terminamos con altísima inflación, con una economía en franco receso, con aumento de la desocupación e incremento de la pobreza.

Alberto Fernández parece tener muy claro que el camino que debe transitar es estrecho y que más vale comenzar haciendo bien los deberes.  El primero de ellos es reducir sensiblemente el déficit fiscal, causante de la mayoría de los males. Y, omo el crédito esta cerrado no le queda otro trámite que equilibrar las cuentas reduciendo el gasto.

Mientras tanto, Cristina calla y deja hacer. Ha reemplazado al presidente en su carácter de Vice, sin ocupar el despacho en la Casa Rosada y haciendo mutis por el foro. Bien sabemos que es una táctica.  En la designación de los cuadros gubernamentales ha tenido visible participación.  Ha colocado a su propia gente y a los de la Cámpora en lugares estratégicos, de manera que hoy podemos diferenciar a los que responden a su mandato, con los colocados por Alberto, a los que se les llama “peronistas”. Claro está que peronistas son todos, pero la diferenciación vale. Es simple interpretarla.

La opinión de la ex presidente es clave en la toma de decisiones, como el repentino viaje de Alberto a Israel para asistir al Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, en referencia al 75° aniversario de la disolución del infame campo de concentración de Auschwitz en Polonia. No estaba previsto que Alberto asistiera, pero luego de una conversación con Cristina se resolvió rápidamente el viaje.  Toda ocasión de un encuentro con lideres mundiales es positiva para Argentina y en Israel le fue bien. El Primer ministro Benjamin Netanyahu, lo recibió como un viejo amigo. Un gobierno donde participe Cristina, como figura central, genera sospechas entre los israelíes, luego del controvertido pacto con Irán. Tampoco se olvida que el fiscal Alberto Nisman fue asesinado luego de denunciar a la entonces presidente en un oscuro episodio.

También le fue muy bien a Alberto en su gira europea, donde fue recibido por el Papa Francisco, por el Primer Ministro italiano, Giuseppe Conte y por el presidente de ese país, Sergio Mattarella; por Angela Merkel en Berlín; en el Palacio Eliseo por el presidente de Francia Emmanuel Macron y cerró su gira entrevistándose en Madrid, con el presidente del gobierno Español Pedro Sánchez y el Rey Felipe VI.

Un interesante giro al centro de nuestro presidente que oportunamente analizaremos.