Un Gobierno Bipolar II

 

Continuamos con el análisis de los dos primeros meses del nuevo gobierno bipolar o quizás mejor, llamarlo bicéfalo, porque Fernández Alberto, como Fernández Cristina, tanto montan, montan tanto como Isabel y Fernando, los que pasaron a la historia como los Reyes Católicos y establecieron el primer reino unificado de Europa, España.

Claro está que los Fernández no fundarán ningún reino, no obstante, la peregrina idea de todos nuestros gobernantes, que, llegados al poder, pretenden refundar la Nación. Y así nuestra Argentina se deviene en avances y retrocesos permanentes, desde hace muchas décadas que bien justifican nuestra inexplicable degradación, económica, cultural e institucional.

Más allá de las discusiones que se plantean entre los funcionarios de un mismo gobierno, claro está que divididos por la pertenencia al peronismo o al cristinismo, sobre temas como la existencia o no, de presos políticos, cuando en realidad son políticos presos por diversos delitos, la mayoría relacionados con la corrupción, hay que rescatar el éxito del reciente periplo europeo de Alberto Fernández.

Antes, en un viaje relámpago, visitó Israel, como lo comentáramos ayer. Este viaje donde fue muy bien recibió por el Primer ministro Benjamín Netanyahu, deja de lado la concepción tanto izquierdista como cristinista, de considerar a Israel la avanzada imperialista en el Medio Oriente.  También estos mismos sectores son defensores de los violentos grupos u organizaciones del islamismo fundamentalista.  Sin embargo, se estima que fue la misma ex presidente la que impulsó el viaje de Alberto, organizado con extrema premura.

Leíamos a Ernesto Tenembaum, en una nota publicada por Infobae, que Fernández, (Alberto) hizo migas con el liderazgo europeo: la centroderechista alemana, Angela Merkel; el conservador moderado francés, Emmanuel Macron; el socialdemócrata español, Pedro Sánchez. Dos meses es un tiempo exiguo para obtener conclusiones. Pero en sus primeras semanas, Fernández no parece repetir la amistad que exhibía la última Cristina con Angola, Libia o -especialmente- con la Venezuela de Nicolás Maduro.[i]

No caben dudas de que el presidente bien sabe que del eje Cuba-Venezuela y acólitos, no puede esperar apoyos que sean útiles al país, y que una de las primeras necesidades de su gobierno, es resolver la deuda externa. En los diálogos mantenidos con los líderes europeos y con el Papa Francisco, fue abordado el tema de la deuda, a todos ellos expresó su pedido de apoyo en las negociaciones con el FMI.

 

Este giro político al centro y la expresión de pragmatismo de Alberto, que contrasta con el dogmatismo que expresa en todo momento su Vice, bien demuestra que las diferencias entre ambas cabezas del gobierno no es un asunto simple, y que se necesita mucha tolerancia y respeto recíproco, para avanzar entre tantas dificultades.

Pero el problema mayor se observa en los cuadros intermedios, en las segundas y terceras líneas, que por un lado quieren mostrarse muy leales a la Vice Presidenta y llegan a la sobreactuación, por el otro, cuidarse de no caer en traiciones al Primer Magistrado de la República que es a quien deben fidelidad.