El secreto para alargar la vida del hombre más viejo del mundo: “No enfadarse y mantener la sonrisa”

Chitetsu Watanabe, de Japón, fue confirmado oficialmente como el hombre vivo más longevo del mundo con 112 años y 344 días hasta el 7 de febrero de 2020. Para conmemorar esta noticia, fue presentado con un certificado oficial de Guinness World Records en el hogar de ancianos en Niigata, en donde reside actualmente.

Japón cuenta con una de las mayores esperanzas de vida, no en vano ha albergado a varias personas reconocidas como las más longevas del planeta, entre ellas Jiroemon Kimura, que murió poco después de su 116 cumpleaños en junio de 2013. Sin embargo, la persona más vieja registrada fue la francesa Jeanne Louise Calment que murió en 1997 a los 122 años, según Guinness. En la actualidad, el ser humano vivo mas longevo es la japonesa Kane Tanaka, una mujer de 117 años.

De acuerdo a las estadísticas que se manejan en la región, se sabe que los nipones ocupan los lugares más bajos en el ranking de las enfermedades crónicas de occidente, tales como la diabetes o el cáncer, y que el suicidio es algo prácticamente desconocido para ellos. Con estadísticas y estudios que lo confirman, superan la expectativa de vida global con ciudadanos centenarios. Se trata del país con mayor expectativa de vida. Por ejemplo, la región de Okinawa en el 2006 fue identificada por National Geographic como uno de las cinco Zonas Azules o paraísos de la longevidad del mundo.

Nacido el 5 de marzo de 1907, en Niigata, Chitetsu es uno de ocho hijos de Haruzo y Miya Watanabe, señaló Guinness en un comunicado. Luego de graduarse de la escuela de agricultura, Chitetsu se mudó a Taiwán donde trabajó durante 18 años. También sirvió en el ejército hacia el final de la Guerra del Pacífico en 1944. Una vez de vuelta a su ciudad natal en Niigata, trabajó en una oficina agrícola -una sucursal de la oficina de la Prefectura- hasta su jubilación.

Pero el retiro no detuvo a Chitetsu de tener una vida activa. En 1974, su hijo Tetsuo formó un nuevo hogar para su familia, el cual tenía cerca de una hectárea de granja. Chitetsu, quien también se mudó con Tetsuo, cultivó frutas y verduras de todo tipo, desde papas, tomates, fresas, ciruelas y similares en la granja. ¡Y así continuó hasta los 104 años!

Chitetsu Watanabe reside en la ciudad de Niigata, la ciudad japonesa más grande en la costa del mar de Japón (Shutterstock)

Chitetsu Watanabe reside en la ciudad de Niigata, la ciudad japonesa más grande en la costa del mar de Japón (Shutterstock)

Chitetsu también cultivó bonsái hasta el día en que fue enviado al hogar de ancianos. De acuerdo con su mujer, tenía más de 100 árboles bonsái, los cuales fueron presentados en una exhibición local hasta el 2007. Debido a que por muchos años Chitetsu trabajó en compañías de azúcar, le encantan las comidas dulces. El azúcar negra es su favorita, pero desde que perdió sus dientes disfruta de aquellos dulces que no requieren ser masticados, sino más bien pastelería, tal como el flan o la crema adentro de un chou à la crème.

En una entrevista con un periódico local en enero de 2019 dijo que el secreto de la longevidad es “no ponerse furioso y siempre tener una sonrisa en el rostro”. Más adelante, su mujer explicó: “He vivido con él durante más de 50 años, y nunca lo he visto alzar la voz o enojarse. Él también se preocupa por los demás. Cuando trabajaba en mi pasatiempo de retazos, él fue el que más elogió mi trabajo. Creo que haber vivido con una gran familia bajo un mismo techo, mezclarse con sus nietos y bisnietos también lo ayudó a mantener una sonrisa en su rostro”

Ahora que vive en un hogar, Chitetsu no es tan activo como antes. Sin embargo, tan reciente como el último verano, su actividad diaria incluía hacer ejercicios (como parte de la rehabilitación), origami, caligrafía y ejercicios de matemáticas.

No hay bienestar físico sin bienestar emocional

Un residente de la isla japonesa tiene un tercio más de posibilidades de alcanzar los cien años que uno norteamericano. El porcentaje de mujeres afectadas por cáncer de mama es un cincuenta por ciento inferior. Y mejora alrededor de un tercio respecto a las enfermedades cardiovasculares. La incidencia de las demencias seniles y del Alzheimer es diez veces menor (Shutterstock)

Un residente de la isla japonesa tiene un tercio más de posibilidades de alcanzar los cien años que uno norteamericano. El porcentaje de mujeres afectadas por cáncer de mama es un cincuenta por ciento inferior. Y mejora alrededor de un tercio respecto a las enfermedades cardiovasculares. La incidencia de las demencias seniles y del Alzheimer es diez veces menor (Shutterstock)

Que la ansiedad y el estrés aceleran el envejecimiento y acortan la vida no es novedad. Es el caso, por ejemplo, de quienes parecen envejecer varios años en unas pocas semanas cuando tienen un problema personal o familiar grave. Y cuando los volvemos a encontrar, pasado cierto tiempo, los vemos más castigados, tal vez con más canas o con más arrugas, y con la mirada más cargada de experiencias.

También sucede con quienes cuidan de familiares enfermos, ya sea de padres con demencia o de hijos con alguna condición grave, y que soportan una carga adicional de estrés por el exceso de trabajo, por la falta de tiempo para sí mismos y por el coste emocional de ver sufrir a personas queridas. La apariencia física de una persona se corresponde con bastante precisión a su edad biológica, según lo demostró una investigación de la Universidad Duke de Carolina del Norte. Por lo tanto, esta apariencia de envejecimiento acelerado que causa el estrés se corresponde en realidad con un rápido envejecimiento biológico.

Existen distintos tipos de estrés perjudicial que afectan de manera distinta a la salud (Shutterstock)

Existen distintos tipos de estrés perjudicial que afectan de manera distinta a la salud (Shutterstock)

Existen distintos tipos de estrés perjudicial que afectan a la salud. En un extremo están los episodios de estrés agudo, explosivo, en que las glándulas suprarrenales, que se encuentran sobre los riñones, liberan una bomba de cortisol y adrenalina y en que perdemos completamente el control de la situación. Es lo que ocurre en un ataque de ira. Para una persona sana, estas reacciones son inocuas para su salud, aunque desde luego pueden resultar desagradables para ella y para quienes están a su alrededor. Sin embargo, para una persona con mala salud cardiovascular, los episodios de estrés agudo son situaciones de alto riesgo, ya que la adrenalina puede provocar taquicardias, arritmias y aumentos bruscos de tensión arterial, lo que puede desencadenar un paro cardíaco o un ictus.

En el otro extremo, tenemos un tipo de estrés menos visible, pero más insidioso y más dañino a largo plazo. Es un estrés crónico, con el que podemos aprender a convivir, al que nos adaptamos y que acabamos aceptando como normal, pero que va minando poco a poco nuestra calidad de vida y nuestro bienestar emocional.

El doctor Valentín Fuster y Josep Corbella en su libro La ciencia de la larga vida al reflexionar sobre diversos estudios llegan a la conclusión de que “para prevenir el envejecimiento prematuro tenemos que combatir el estrés crónico”. «El estrés, si se paran a pensarlo consiste en una pérdida de control sobre uno mismo. De lo que se trata, para combatirlo, es de no dejarse dominar por el entorno, de recuperar el control”, aseguran.

Son muchos los estudios que han observado, en personas de todas las edades que la actividad física se asocia a un mayor bienestar emocional (Shutterstock)

Son muchos los estudios que han observado, en personas de todas las edades que la actividad física se asocia a un mayor bienestar emocional (Shutterstock)

Para los autores de este escrito, una estrategia para hacerlo es la actividad física. Aunque parece un remedio para todo, está comprobado que funciona. Son muchos los estudios que han observado, en personas de todas las edades, que la actividad física se asocia a un mayor bienestar emocional. La segunda es la actividad social. Un punto en común en las características de los residentes de las Zonas Azules, es la importancia que se le da a las relaciones sociales.

“Los seres humanos somos animales sociales, tenemos necesidad de comunicarnos. Cuando se analizan los efectos de una vida social activa en el bienestar emocional, como lo han hecho investigadores de la Universidad de Washington en Missouri en personas mayores de sesenta años, los beneficios son claros. Concretamente, han estudiado si las personas que contribuyen a la comunidad con algún tipo de trabajo voluntario se sienten mejor que las que no lo hacen. De modo que si quieren mantener una buena salud emocional, y no solo vivir cuantos más años mejor, sino además disfrutarlos, no se aíslen”.

El Power 9: las claves de la una vida larga

Las 5 Zonas Azules, los 5 lugares del mundo donde se puede vivir más de 100 años (Infografía: Marcelo Regalado)
Las 5 Zonas Azules, los 5 lugares del mundo donde se puede vivir más de 100 años (Infografía: Marcelo Regalado)

En las 5 Zonas Azules, los cinco lugares del mundo donde se puede vivir más de 100 años, que se dan en culturas y continentes diferentes, se presentan factores que se comparten, que se repiten. Dan Buettner simplificó la cuestión mediante la realización de un diagrama de Venn, esos gráficos en la que en la intersección de los círculos vemos los elementos que hay en común. Allí en esas zonas de semejanzas y coincidencias aparecieron: la familia, no fumar, una alimentación cercana a lo vegetariano, consumo cotidiano de verduras y frutas, una constante y moderada actividad física e involucramiento frecuenten actividades sociales.

En su libro The Blue Zones: 9 lessons for living longer from the peolple who’ ve lived the longest, Buettner realizó un listado de nueve lecciones que se encuentran en estas Zonas Azules, hitos que, según sus investigaciones, prolongan y mejoran la calidad de vida. Nueve aspectos de los que podemos aprender. Un catálogo de hábitos saludables:

1) Actividad física moderada, constante y persistente: estos longevos no son ultramaratonistas (aunque sí en la carrera de la vida, parece) pero siempre han trabajado y han necesitado de esfuerzo para trasladarse de un lado a otro en sus hábitats.

2) Tener un propósito de vida: su propio Ikagai que los motive a levantarse cada mañana.

3) Niveles bajos de stress: evitar las preocupaciones laborales, persistentes, que suman presión a la vida diaria.

4) Dietas moderadas en calorías. Los habitantes de Okinawa mantienen un hábito: comen hasta estar cerca del saciamiento. Pero nunca se exceden. Aplican un principio de Confucio: Come hasta que estos lleno en 8 partes de diez.

5) Alimentación centrada en frutas y verduras. Las comidas basadas en lo que la naturaleza proporciona rige las dietas de estos lugares.

6) Uso moderado del alcohol: el alcohol permitido en pequeñas dosis. Todos los demás excesos, adicciones o consumos que alteren el cuerpo y la conciencia están proscriptos. Las drogas y el cigarrillo están desterrados de las Zonas Azules.

7) Tener fe: compartir creencias, esperanza en el futuro y hasta la actividad religiosa son factores que se repiten en estas comunidades.

8) Vida familiar: la red de contención familiar, vivir con alguien, cuidar y ser cuidado. En estas Zonas Azules se ha comprobado que quienes son pareja viven que más que sus hermanos. Es decir, una esposa tiene mayor esperanza de vida si su esposo es longevo que si el que lo es su propio hermano. Otro aspecto que indica que los genes no son los que determinan todo.

9) Vida social: un involucramiento en la vida de la comunidad. El corolario de este punto es que la sociedad los admita, tenga reservado un lugar para sus ancianos.

Con información de AFP y AP