El Glifosato

Continuamos con nuestra nota editorial de ayer, con referencia al informe sobre el glifosato, que el Ministro de Medio Ambientes, Juan Cabandié, brindo en el Senado.

El funcionario, sin documentación técnica probatoria, fue drástico en su informe, textualmente dijo: «Ese glifosato o veneno, contamina las napas freáticas y se fumiga la cara de los niños en las escuelas rurales y las de los centros urbanos. Hay muertes producto del glifosato». 

La respuesta por parte de distintas organizaciones fue inmediata. Prohibir el Glisofato en nuestro país, generaría una crisis economía sin parangón. Lo menos que se puede esperar de un Ministro es prudencia en sus declaraciones, lo que a Cabandié le faltó.

Ciertamente que el Glifosato, base del herbicida más utilizado en todo el mundo, el Roundap, tiene defensores y detractores, La polémica es de larga data y tiene vigencia actual, sin embargo su uso está aprobado en 160 países, con un volumen total de 2000 millones de litros al año, de los cuales Argentina representa menos del 10 %.

Instituciones muy importantes de otros países se han expedido sobre el Glifosato. Una de ellas, es la Agencia de Protección del Medioambiente de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés)  que afirma categóricamente que “no ha encontrado ningún riesgo para la salud humana en la utilización del glifosato”. Sin embargo para la Organización Mundial de la Salud, OMS, es un probable cancerígeno.

En Europa, después de dos años de debates especialmente intensos, los estados miembros de la Unión Europea (UE) decidieron en 2017, renovar por cinco años la licencia del glifosato. La Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la UE, justificó la decisión por el visto bueno de sus agencias científicas, la Efsa (seguridad de los alimentos) y la Echa (productos químicos), que no consideraron la sustancia como cancerígena.

En Sri Lanka el herbicida fue prohibido en junio de 2015 porque se lo considera responsable de una nueva enfermedad de los riñones, que afecta a los habitantes de las zonas de producción de arroz. Sin embargo, la comunidad científica de aquel país subrayó que no existen estudios que asocien directamente el glifosato a esta «enfermedad renal crónica» y la prohibición fue levantada en mayo de 2018, con una autorización de utilización en las plantaciones de té y de árbol del caucho.

El grupo químico y farmacéutico alemán Bayer, que adquirió Monsanto en 2018 y es propietaria del polémico herbicida, publicó en internet 107 estudios a favor de la seguridad del glifosato.  Sin embargo la polémica sobre su uso continúa, solo que Cabandié informó al Senado sacando sus propias conclusiones, que desde el plano científico no tienen ningún valor.

Como en la mayoría de los conflictos, se debe buscar y encontrar un punto medio.  Hay que cuidar celosamente que el Glisofato, sea utilizado correctamente. No caben dudas de que hay que preservar la salud humana, pero se debe ser muy escrupuloso en calificar como veneno, a un producto que tantos beneficios reporta, no solo a la economía, sino a mitigar el hambre en el mundo.