Argentina un país increíble

Argentina es un país de notables individualidades, el Papa es argentino, la Reina de Holanda es argentina, uno de los más grandes arquitectos del planeta, fue argentino, Cesar Pelli. Cinco argentinos recibieron el premio nobel y tres de ellos, en ciencias. Jorge Luis Borges es estudiado en las mejores universidades del mundo, aunque no recibió el premio nobel. Juan Manuel Fangio fue cinco veces campeón mundial de automovilismo y es considerado hoy, el mejor corredor de autos de todos los tiempos. El mejor jugador de fútbol es argentino, Leo Messi, y antes lo fue otro, Diego Maradona. Otro científico notable de origen argentino es Juan Martín Maldacena, que en 2018, recibió la Medalla Lorentz, por ser el primero en proponer una relación fundamental entre la teoría cuántica de campos y la gravedad cuántica, teoría conocida como Conjetura Maldacena, siendo así el único científico de habla hispana y de  Iberoamérica en haberla recibido, se estima que en algún momento será laureado con el nobel de Física. 
Otro notable es Quino, cuyo nombre verdadero fue Joaquín Salvador Lavado Tejón. Su personaje Mafalda, la chica de pelo negro que odia la sopa y está en contradicción con los adultos, conquistó toda Sudamerica y luego cruzó a Europa, transformándose en un éxito mundial. Podriamos mencionar a muchos otros que se han destacado en el arte, en la pintura, en la literatura, en el cine… pero los que hemos mencionado ya representan figuras enormes de argentinos de escala planetaria.

También podríamos citar a un personaje que aman todos los argentinos, Carlos Gardel, que tuvo sus momentos de gloria a escala continental y sus grabaciones y películas todavía pueden verse y oírse en toda Latinoamérica. No podemos dejar de lado a Eva Perón, Evita y al Che Guevara, personajes tan polémicos como emblemáticos, que ya forman parte de los mitos y leyendas del planeta, pero no es mi intención ingresar en estériles polémicas.  f

Lo que si vale es, contrastar esas figuras de tanta relevancia mundial con una sociedad agobiada por la mala conducción política y que, lo largo de un siglo, no generó progreso, sino una imparable decadencia. Un país que el despuntar el siglo XX estaba entre las Top Ten de las naciones por su economía y por los niveles de desarrollo humano y que al finalizar ese mismo siglo fue superado largamente por muchos otros, que no supo mantener esa fuerza generadora de enormes riquezas y que sumió en la pobreza a una cuarta parte de sus habitantes.  

Muchos escritores, filósofos y economistas, se preguntan cuál es la causa de la decadencia argentina. Y no hay una respuesta unánime. Quizás el más acertado fue el laureado y premio nobel de economía, Paul Samuelson, célebre porque en su libro Fundamentos del Análisis Económico de 1947, estudiaron centenares de miles de economistas, abogados y otros profesionales interesados por las ciencias económicas, en todo el mundo.

¿Qué dijo el célebre economista? En una disertación de 1997, señalaba: “En 1945 yo ya era un experto en economía. Supongamos que alguien me hubiera formulado entonces esta pregunta: ¿qué regiones crecerán más rápido en los próximos 50 años antes de que se termine el siglo? Hubiera dado la siguiente respuesta y hubiera sido incorrecta: la Argentina está a punto de lograr un avance importante en la innovación de la productividad, un avance que la pondría a la par de los Estados Unidos, Canadá, Francia y Alemania”.

Samuelson explicaba que esperaba algo “especial” de la Argentina por su clima templado, sus abundantes recursos naturales per cápita y su población homogénea. “¿Qué salió mal?”, se preguntó y contestó: “La democracia evolucionó con tendencia al populismo […] y las promesas para favorecer a la importante cantidad de necesitados son fáciles de hacer, pero la dura realidad de los mecanismos de mercado convierte los intentos de incrementar los índices salariales por decreto en inflación real en lugar de índices salariales altos y sostenibles”.[i]

Lógicamente que hay muchas opiniones y diagnósticos, cito a Samuelson por el valor de sus palabras y para definir, de alguna manera, lo que pudimos ser y no somos.