El país es una olla a presión a punto de estallar

Cuando el ex presidente Eduardo Duhalde advirtió sobre un golpe, que era “ridículo pensar que el año que viene va a haber elecciones” y que Argentina se dirige hacia «un escenario peor al del 2001», en un clima que atenta contra la continuidad del gobierno de Alberto Fernández, afirmando a su vez que «Esta es la presidencia más compleja que tuvimos», todo el arco político salió a responderle con mucha dureza.

Fue tanto el bochorno, que el astuto dirigente y actual asesor presidencial, salió a aclarar que se trató de un comportamiento “psicótico momentáneo” y un “desenganche de la realidad” producto de la pandemia de coronavirus.[i] Una forma insólita de desdecirse.

Sin embargo, compartimos su visión de que “esto es un desastre tan grande que no puede llegar a pasar nada bueno”.

No se puede dejar de advertir que la Argentina, en este preciso momento, se asemeja a una olla a presión, donde se le incorporan diariamente más elementos que pueden hacerla estallar. Y en lugar de retirarla del fuego, se lo aumenta, sin tomar conciencia de su posible estallido.

Alberto Fernández, es un presidente muy devaluado y esto es muy preocupante. De este resultado, el responsable es el mismo. Desde que asumió habló y se desdijo repetidas veces.

En Santa Fe expresó un disparate, enorme en boca de un presidente y muy difícil de interpretar. Dijo que la ciudad de Buenos Aires lo avergüenza y que se siente culpable por su “opulencia”. ¿Como quiere ver a Buenos Aires, él, que vive en Puerto Madero, que es porteño de corazón y de formación? ¿Pobre y decrépita? Ciertamente que en la ciudad existen bolsones de pobreza y barrios de emergencia ¿pero a Alberto le gustaría que toda la ciudad fuera así? Ciertamente que los progresistas zurdos, siempre buscan nivelar hacia abajo, pero lo que, si nos avergüenza, es que el presidente se exprese de esa forma.  Buenos Aires, es una ciudad que enorgullece a todos los argentinos, y esto lo formulo yo, que soy un habitante de la argentina profunda. Lograr un auténtico como necesario federalismo no pasa por atacar a Buenos Aires.

La quita sorpresiva y arbitraria del 1 % de la coparticipación a la ciudad, ¿es el castigo por la opulencia de los porteños? Ese porcentaje se le dio a Buenos Aires, por el traspaso de la Policía Federal a la ciudad, ahora la Nación se lo quita y se argumenta que es para pagar los aumentos salariales de los policías de la provincia. Alberto que dijo que cerraría la grieta, la está abriendo cada vez más, ahora enfrenta a los porteños con los provincianos.

El 22 de agosto dictó un Decreto de Necesidad y Urgencia, que modifica lo establecido en la Ley, 27078, sancionada por el Congreso en diciembre de 2014, calificando como “servicios públicos” a los servicios de telecomunicaciones que la ley había declarado como de “interés general”.  No hay dudas de que el Decreto irrita a gobiernos que necesitamos nos apoyen en las negociaciones con el FMI, amen que constituyen un severo retroceso en una materia que exige actualización tecnológica permanente.  

Después del fracaso de la expropiación de Vicentin, Alberto envió al Congreso el proyecto de reforma judicial y que Cristina dice “que no es el proyecto de reforma que el país todavía se debe”. El asunto ha generado fuerte rechazo en la sociedad porque percibe que el objetivo es blindar a la ex presidenta en sus numerosas causas judiciales.

Gran parte de la ciudadanía, autoconvocada, se movilizó el 9 de julio en todas las ciudades importantes del país. El mensaje de la gente fue muy claro, los argentinos nunca aceptaremos el “Vamos por Todo”. Pero Alberto Fernández, en lugar de escuchar al pueblo y atender sus reclamos, expresó su respuesta endureciendo su discurso.

La cuarentena está por cumplir seis meses, y los contagios y fallecimientos por el coronavirus aumentan, asumiendo cifras muy altas, que nos colocan entre los países con mayor número de contagios y nadie sabe si se ha llegado al pico.

La euforia de Alberto ha sido reemplazada por un silencio sobre el tema, ya no critica a Chile, Ecuador, Suecia y Holanda, comparando la respuesta argentina al coronavirus, con la de esos países. Este ridículo, si lo asumió sin avergonzarse.  En Argentina, las disposiciones gubernamentales destruyeron la economía y no frenaron los contagios.

La movilización de los policías bonaerenses, situación que puede repetirse en otras provincias y en otras actividades, el descontento popular por una amenazante pobreza, los jubilados a los que se les ha quitado la movilidad, la mala imagen de un presidente que se muestra aliado de los Moyano y pondera a Gildo Insfram, la suelta de presos peligrosos, la libertad de condenados por corrupción, las acciones que debilitan a las instituciones, el accionar sin control de la delincuencia común y la del crimen organizado, y un humor social bajoneado a límites extremos por el largo aislamiento, alimentan la olla a presión que el país es hoy y que el gobierno aumenta irresponsablemente su tensión.

Duhalde tiene razón y compartimos su opinión: “esto es un desastre tan grande que no puede llegar a pasar nada bueno”.