El cruel asesinato de la Sra. Ana Dominé y la seguridad ciudadana

El cruel asesinato de la Sra. Ana Dominé en ocasión de un robo, muestra claramente que las políticas de la provincia para contener el delito, resultan ineficaces. Los tucumanos vivimos aterrados y nos animamos a decir que, en nuestra ciudad capital, se teme más a la delincuencia que al coronavirus.  Es que somos víctimas de todo tipo de delitos, desde hurtos menores, generalmente a cargo de mecheras, hasta brutales asesinatos, como el que hoy nos ocupa. Además, sufrimos de los arrebatos callejeros, robos en viviendas y hasta asaltos, cuando están ocupadas por sus moradores.

Ciertamente que se han aumentado los cuadros policiales, sin conocer exactamente cuáles son los niveles de preparación y adiestramiento de esos nuevos agentes. Pero siempre constituye un paso positivo.

Sin embargo, el problema de la criminalidad en aumento no es simplemente un asunto de aumentar los efectivos policiales.

Considerando las tres etapas del delito, antes de cometerlo, durante el hecho y ya cometido, o sea un antes, durante y un después, observamos gruesas fallas.

En la primera etapa, el antes, no observamos suficientes medidas de prevención, que deben abarcar múltiples campos. Desde la escuela, los medios de comunicación, los centros recreativos, las parroquias, los clubes de barrio, firmes acciones contra el consumo de droga, etc. Etc.  Es muy importante contener al joven que está pronto a ingresar en la delincuencia.

La policía, bien equipada, con efectivos bien entrenados y en número suficiente, tiene que ocuparse del momento mismo en que se comete el delito. Luego debe actuar la justicia con todo el rigor de la Ley, y debe tener mucho cuidado en otorgar salidas o prisiones domiciliarias.

Y por último, las cárceles. Que deben ser sanas y limpias para seguridad y resocializar al individuo, como dice el mandato constitucional. Nuestras cárceles son sórdidas, míseras y superpobladas, tal como lo señaláramos repetidas veces. Vergüenza debería darnos mantener reclusos en condiciones infrahumanas de vida.

Para combatir la delincuencia con éxito, todo plan debe comenzar por las cárceles, construir cárceles para los tres niveles, las de alta seguridad, para los reos más peligrosos, de mediana seguridad para los que han cometido delitos comunes e institutos para menores, que sen verdaderas escuelas de formación.

La justicia también necesita una auténtica reforma, que la haga mucho más eficiente. claro que no es la que el Congreso está tratando actualmente, que persigue otros fines.

El de la seguridad ciudadana no es un tema más, es la esencia de la organización del Estado. Recordemos que ya en el siglo XVI, el filósofo inglés, T. Hobbes, definió a “la seguridad de los particulares” como el primer objeto del Estado.