De inmigrantes a emigrantes

El mártir tucumano de la pandemia, Jesús Amenábar, en una carta escrita desde su lecho de enfermo, con la desazón y el descreimiento de quien sabe que el sistema sanitario de la provincia funciona mal y que veía a un Presidente que antes de tiempo cantaba victoria en relación al Covid 19, comparando irresponsablemente nuestras cifras de contagios y muertes con la de otros países, redactó: “Este país está perdido. Los quiero a los residentes. Deben estudiar inglés e irse del país. Esto no tiene arreglo”

El Dr. Amenábar había hecho su residencia médica en Francia y desechado las múltiples ofertas para quedarse en el país galo. Optó por regresar a Tucumán y poner toda su capacidad y experiencia al servicio de la salud de sus comprovincianos. Acá encontró la muerte en el mismo centro de Salud donde trabajaba.

El desánimo lo instó a proponer a los jóvenes irse del país. Pero esto ya lo están pensando miles de jóvenes profesionales y técnicos que ansían dejar este desorden político, económico y cultural que transitamos los argentinos para probar suerte en otros lares y seguir el camino de muchos otros que se han ido, mucho antes.

Uruguay nos abre los brazos, ellos que son hermanos nuestros, pero que saben elegir mejor a sus gobernantes, están tentando a los argentinos que dejen su territorio y se radiquen en el país oriental.

No solo las ofertas tentadoras vienen desde Uruguay, los profesionales argentinos son recibidos con los brazos abiertos, por su formación y capacidades, en el mundo entero. En EEUU y en Europa, cientos de miles de compatriotas, brindan sus conocimientos y experiencia.  También muchos se van a Canadá. Australia y a los Emiratos Árabes.

Penosa emigración de un país que al comenzar el siglo XX recibía miles de inmigrantes, ansiosos de iniciar una nueva vida. Acá se los recibía también con los brazos abiertos y ellos nos brindaban su cultura, su trabajo, su experiencia, su capacidad de esfuerzo, generosamente.

Claro está que aquella Argentina, que se organizara definitivamente en 1853, dictándose una Constitución modelo y que fijaba un contrato social de crecimiento social y económico, justo y equitativo, crecía a un ritmo que asombraba al mundo y lograba resultados extraordinarios en progreso humano, como acabar prácticamente con el analfabetismo en muy pocas décadas.

En aquella primera etapa del desarrollo del país, todo estaba por hacerse, y se hizo. Desde servicios de agua potable y cloacas, hospitales, escuelas, ferrocarriles, caminos y puertos. El progreso llegaba, y lenta, pero sin pausa, abarcaba a todos los sectores sociales y geográficos de una argentina enorme y despoblada.  Hasta la caída de Juan Manuel de Rosas, la población se mantuvo estable, calculada en ese momento en 1.300.000 habitantes.   Pero a partir de la puesta en vigencia de la  Constitución, el ritmo de crecimiento poblacional fue del 3 % anual hasta el año 1930, con picos que superaban el 5%

La misma Ley Suprema establecía que: “El Gobierno Federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir las ciencias y las artes”.[i]

Una muestra del desarrollo alcanzado en pocos años, siguiendo el específico mandato de la Carta Magna, se puede comprobar señalando que, en el primer censo nacional ordenado por Sarmiento en 1869, se registraron 1.830.214 habitantes, de los cuales el 71% eran analfabetos. En el censo de 1895, la suma de habitantes había llegado ya a 4.044,911 y en 1914, el censo nacional arrojaba la cifra de 7.885,237 con solo un 34 % de analfabetos, con un crecimiento poblacional anual del 5,2 %. Además, este Censo puso de manifiesto que, en solo veinte años, transcurridos desde el censo anterior de 1895, la República había ingresado con éxito a desarrollar sus industrias extractivas y manufactureras, principalmente. [ii]

¿Qué nos pasó desde aquel país que recibía cientos de miles de inmigrantes y ocupaba un lugar de privilegio en el concierto de las naciones, al actual, insólitamente empobrecido y que expulsa ciudadanos, especialmente a los mejor capacitados?

Mi respuesta es, que vino el populismo con sus mentiras y espejismos y finalmente el kirchnerismo y arrasó con todo, metiéndolo en un brete sin salida. Estos mediocres individuos que lamentablemente nos gobiernan mediante el engaño, quieren que Argentina sea Venezuela, y lo están logrando. En lugar de irse ellos al país que tanto admiran, nos arrastran a todos a ese estado. Penoso e increíble, pero cierto.  Lo único que puedo decir, es que los que no los hemos votado y somos mayoría, no bajemos los brazos.