Pobres argentinos

El día miércoles, en una reunión donde participaban varios periodistas, Javier Díaz le preguntó por el miedo que siente la gente de andar por la calle. Algo que nadie puede negar ante el brutal crecimiento de la delincuencia, tema que ocupa los primeros lugares entre las preocupaciones de los argentinos. El mismo Diaz se puso de ejemplo y dijo tener miedo al caminar por las calles.

En lugar de responder como corresponde a un Presidente, el máximo magistrado de la Nación, Alberto Fernández le dijo que a ese respecto que sólo podía aconsejarle “conversar sus miedos con el psicólogo”.

Alberto pareciera que, con esos raptos de soberbia y altanería, mostrándose torpe, rustico y mal educado, que queda bien y convence a la gente. Lo que sin duda percibimos, y no se trata de una mera sensación, es que el Presidente vive de espaldas a la realidad.

La realidad que no vive el presidente, rodeado de custodios y en residencia bien protegida, es que el ciudadano común se enfrenta en la calle a todo tipo de delincuencia, y si intenta defenderse, lo más probable es que sea apuñaleado o acribillado por el malhechor.  El miedo es una reacción natural al peligro y cuando este es real no tiene sentido ir a un psicólogo como propone el presidente al periodista.

Alberto tampoco se da cuenta de que su palabra está totalmente desvalorizada, sin embargo, habla, y habla demás. Se contradice a sí mismo y luego de hablar, al poco tiempo se retracta. Y nadie se olvida, porque la televisión y la radio lo recuerdan permanentemente, sus fuertes ataques contra la que hoy es su jefa, Cristina y que lo ha colocado allí, no por sus capacidades, sino por sus flaquezas y mediocridad.

Tan mediocre es, que no sabe interpretar las cartas y las duras zancadillas que su Vice le esta suministrando, y que el las traduce como “cartas de apoyo” a su desastrosa gestión.

A veces nos tentamos de decir, “pobre Alberto”, pero la realidad nos enmienda, “pobres argentinos”